No vemos el agua porque nadamos en ella

Cuerpo, lenguaje y la cartografía de nuestros hilos invisibles

Vivimos bajo la ilusión de que pensamos antes de actuar y de que hablamos para explicar la realidad. Sin embargo, una observación rigurosa revela algo inquietante: la mayor parte de lo que determina nuestra existencia ocurre antes de que podamos nombrarlo, por debajo de nuestra consciencia y dentro de estructuras que aceptamos como "normales" simplemente porque siempre han estado ahí.


La tesis es perturbadora: no estamos rotos, estamos inmersos. Como el pez que ignora la existencia del océano, no vemos aquello que nos sostiene y nos limita precisamente porque lo habitamos.

I. La experiencia no piensa: Ocurre

Nuestra cultura ha entronizado la imagen del ser humano como un sujeto racional que decide y luego ejecuta. La biología dice lo contrario.

El orden real es inverso:

  1. El cuerpo se posiciona: La postura y la tensión muscular preceden al pensamiento.

  2. La emoción colorea: El estado afectivo filtra la realidad antes de que la interpretemos.

  3. El lenguaje llega tarde: La narrativa racional entra en escena solo para justificar lo que el cuerpo y la emoción ya han decidido.

La mayoría de nuestros conflictos no son dilemas morales profundos, sino desajustes de sincronía. Cuando el cuerpo está cerrado, la emoción regulada y el lenguaje es honesto, la acción fluye sin violencia interna. Cuando estos tres niveles se desacoplan, aparece la fricción que llamamos ansiedad.

II. Las trampas invisibles: El valor oculto del síntoma

Hay una capa de invisibilidad más compleja: a menudo defendemos lo que nos hace daño porque cumple una función secreta.

  • La lealtad al sufrimiento: No sufrimos porque seamos incapaces de dejar de hacerlo, sino porque el sufrimiento es una moneda de cambio. Funciona como prueba de lealtad a un antepasado, a un duelo o a un trauma. Sanar se siente, paradójicamente, como una traición.

  • El público fantasma: De niños desarrollamos estrategias de supervivencia —ser perfectos, ser útiles, desaparecer— para obtener la aprobación de figuras decisivas. El problema es que el adulto sigue actuando para un espectador que ya no está. Vivimos una obra impecable para una platea vacía.

  • La identidad como jaula: Con el tiempo, la estrategia de supervivencia se confunde con el "Yo". "Yo soy así" es la frase que sella la repetición. Cambiar la conducta se vive entonces como una amenaza de muerte simbólica.

III. El lenguaje: La linterna que creemos sol

El lenguaje humano es secuencial (una palabra tras otra), pero la realidad es simultánea (un mosaico de eventos ocurriendo a la vez). El error no es usar el lenguaje, sino creer que el lenguaje captura la verdad.

El debate, como herramienta de conocimiento, suele fracasar porque premia la agilidad retórica y la victoria verbal sobre la comprensión profunda. El debate produce ganadores, no verdades. El lenguaje es una linterna útil para iluminar rincones, pero nunca debe confundirse con la luz del día. Es una herramienta de coordinación, no un espejo fiel de la existencia.

El acto de ver el agua

Integrar estas piezas nos ofrece una cartografía distinta. La salida no consiste en pensar más, sino en desarrollar una atención somática y contextual:

  • Notar la contracción del pecho antes de que surja la crítica.

  • Escuchar la emoción antes de emitir el juicio.

  • Agradecer a la estrategia de defensa que nos salvó en el pasado... para poder soltarla en el presente.

  • Dejar de buscar la aprobación de los fantasmas.


Solemos decir que el pez no sabe que vive en el agua. Pero la realidad es más inquietante: el pez no necesita saberlo para nadar. El conocimiento de la naturaleza del agua es totalmente irrelevante para la supervivencia biológica.


Saber que estás en el agua solo se vuelve vital en un momento preciso: cuando quieres salir de ella.

La consciencia no es necesaria para vivir; es necesaria para dejar de repetir. La madurez no consiste en entenderlo todo, sino en darse cuenta de en qué agua estás nadando y decidir, por primera vez, si quieres seguir moviendo las aletas en la misma dirección.


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