Intervención psicológica clínica a través de Internet




Desde el punto de vista técnico el antecedente más inmediato lo constituyen las intervenciones médicas y psicológicas mediante el teléfono, como por ejemplo los "teléfonos de la esperanza".

En el nivel más básico de la intervención (y evaluación) psicológica clínica a través de Internet se encuentran las guías de autoayuda que proliferan en multitud de portales dedicados a la salud en general y a la salud mental en particular. Su valor e interés es muy diverso; hay que prestar atención a la fuente para tener una idea de la fiabilidad de la información que se ofrece. 

Existen también recursos para la evaluación psicológica y la administración de tests a distancia, orientación y terapia psicológica por correo electrónico, foros y chats, y grupos de soporte mediante comunicación asíncrona o en tiempo real.

Las principales ventajas y limitaciones de la intervención a través de Internet guardan relación con el tipo de acción que se pretenda realizar. 

Todas aquellas intervenciones para las que resulta imprescindible la información no verbal encuentran serias dificultades para llevarse a cabo por Internet, aunque es una cuestión de tiempo que eso cambie: cuando se puedan transmitir señales de audio y vídeo en tiempo real con calidad suficiente. 

En aquellas otras situaciones en que esa clase de señales no resultan relevantes, o en que pueden ser incluso fuente de ruido o distorsión, Internet se convierte en un medio con ciertas ventajas; por ejemplo, un tratamiento mediante comunicación escrita facilita análisis más exhaustivos del componente verbal, lo cual puede ser de gran utilidad para realizar una reestructuración cognitiva, desarrollar una terapia racional emotiva o aplicar técnicas de resolución de problemas.

La flexibilidad espacial y temporal es otra ventaja claramente asociada a la intervención a través de Internet. 

No es necesario que psicólogo y cliente coincidan en un mismo espacio y tiempo, lo que permite acceder con mayor facilidad al consejo del especialista a personas con dificultades para desplazarse hasta la consulta por diferentes motivos. 

En determinados trastornos como la agorafobia, fobia social, en personas con déficit de conductas asertivas, etc., los contactos iniciales pueden ser más fáciles para el paciente si se realizan a distancia. 

Las sesiones pueden archivarse y ser revisadas en profundidad por el mismo o por otro especialista. La invisibilidad del terapeuta puede favorecer la confidencialidad; el paciente puede verse así menos tenso, avergonzado o atemorizado que en una relación cara a cara, lo que favorece la fiabilidad en el relato de los síntomas. 

Otras ventajas vienen dadas por la utilización de Internet, no ya para sustituir a la intervención presencial, sino como complemento de esta. 

Los diferentes canales de comunicación facilitados por Internet suponen nuevos recursos para la comunicación entre el psicólogo y el cliente fuera de las horas de consulta. Se hacen posibles contactos mucho más frecuentes y seguimientos más estrechos, que serían muy difíciles de otro modo.

Las peculiaridades de este nuevo medio para la intervención psicológica clínica hacen que se deba prestar especial atención a consideraciones éticas y deontológicas. 

En este sentido, el Colegio de Psicólogos de Cataluña ha sido pionero, ya que ha elaborado las primeras propuestas de regulación. 

Tal como indica en su informe sobre el tema, la intervención psicológica a través de Internet ha de garantizar como mínimo el mismo nivel de confidencialidad, privacidad y consentimiento informado que la presencial. 

Debe prestarse especial atención al problema de la seguridad en la transmisión y almacenamiento de los datos. Este es un problema común a cualquier actividad que se realice a través de Internet y su resolución depende no sólo de la voluntad del terapeuta y el paciente sino también de cuestiones técnicas como la viabilidad de cifrar los mensajes. 

La competencia profesional debe ser garantizada; es necesario disponer de procedimientos que permitan el conocimiento por parte del paciente de la identidad del terapeuta, su titulación y capacitación profesional y la posibilidad de contrastarlos; y también es necesario establecer los mecanismos que se requieren para asegurar la calidad de los servicios prestados.

Debo decirles, que tras dedicar cierto tiempo al estudio de estos temas, estoy convencido de la necesidad de mantenerse actualizado en ellos, no sólo por interés y conveniencia personal, sino también por responsabilidad profesional. 

Las tecnologías de la información y la comunicación van a estar cada vez más presentes en nuestras vidas. Renunciar a ellas es, además de poco razonable, imposible.

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